Selina vive en Italia trabajando de manera ilegal, renegando su pasaporte venezolano y tratando de no pensar en que deberá volver para ver a su familia en Navidad. Roberto, por otro lado, es un estoico trabajador del Metro de Caracas con la firme convicción de que su país lo necesita. Sus destinos se cruzan, sus planes se rompen y la vida los pone en la encrucijada que enfrentan millones de venezolanos dentro de Venezuela: ¿migrar o perseverar?


El cine venezolano ya no habla de los barrios, sino de la crisis y la migración. Nico Manzano lo hace en Yo y las bestias con la historia de un artista que lo sacrifica todo por su proyecto solista; Simón es el reducto de Diego Vicentini para hablar sobre la generación de líderes estudiantiles sacrificada en las protestas, y ahora es Joanna Nelson quien observa al país desde su migración con Hambre, su ópera prima.


Hambre, protagonizada por Claudia Rojas y Gabriel Agüero, acaba de comenzar su recorrido por festivales. Se estrenó este año en el Festival de Cine Latino de Chicago, y lo hará en Venezuela durante el 20° Festival del Cine Venezolano, que se realizará desde el 16 hasta el 20 de junio en el estado Nueva Esparta.


-¿Cuáles son sus expectativas de cara a la proyección de Hambre en el Festival del Cine Venezolano?
-La premier en el país es otra cosa. Ir acompañada del equipo me emociona mucho porque podré estar con el elenco en Margarita, vivir la experiencia con ellos y ver la reacción de la audiencia. Tengo mucha curiosidad por ver la recepción del público venezolano, en comparación con el de Chicago.

-¿Se entiende la crisis venezolana en un contexto como el del Festival de Cine Latino de Chicago?
-El acceso a los servicios básicos es un tema universal y, precisamente por eso, al público extranjero le cuesta entender la vida en un país con restricciones en el acceso al agua, o ser testigo de una crisis que cause la escasez de alimentos. Aunque parece ficción, la audiencia extranjera se conectó mucho con la historia.

-¿Existe interés por el cine venezolano fuera de Venezuela?
-Hambre ganó uno de los premios del Foro de Pitching de Portugal en el año 2018, y la película obtuvo un fondo selectivo de Ibermedia. Gracias a eso confirmé que hay interés por escuchar esta historia, y lo atribuyo al hecho de que todos hemos sido afectados de una y otra manera por la migración. Es un tema que hay que conversar y mostrar ambas caras de la moneda.

“Y es por eso que me gusta tanto el cine -prosigue Joanna Nelson-, porque trae a colación la parte más humana de cada situación. No se habla de números como podría hablar un artículo o una noticia, que masifica y quita la identidad. Cuando personificamos las historias es más fácil conversar y entender ciertas temáticas que son muy sensibles hoy en día”.

-¿Qué siente usted como cineasta cuando tiene que mostrar su ópera prima a un jurado compuesto por nombres como Lorenzo Vigas, Mimi Lazo, Fina Torres o Leonardo Aranguibel?
-Es un honor que me dediquen tiempo, que mi película vaya a estar en sus manos. Vamos a ver qué piensan, qué opinan y qué va a deliberar ese jurado sobre las películas que van a ver. Me emociona que sean ellos y que pongan la barra bien alta.

-¿Alguno de estos cineastas han marcado su forma de ver y hacer cine?
-No destacaría una obra específica que me haya marcado como cineasta. Veo mucho cine y de todos los países; he pasado mucho tiempo fuera del país y es desde ahí donde escribo Hambre. Como artistas integramos muchas cosas sin darnos cuenta; es decir, quiénes somos, dónde nacimos, cómo vivimos, quiénes nos han influenciado en las cosas más mínimas. Como realizadora, siento que hablo desde la verdad que he conocido, sin intentar definir cuál es mi estilo o preguntarme si tengo un género definido. Me mueve la necesidad de contar esas historias.

-¿Qué necesidad inspiró la escritura de Hambre?
-La idea viene desde Harina, mi primer cortometraje, que nace del impacto que sentí en los años 2017 y 2018 al ver a personas hurgando en la basura para conseguir alimentos. Hice mucha investigación de lo que ocurría en Venezuela con los saqueos y las cifras de desnutrición infantil, y desde ahí comencé a escribir varias historias relacionadas con el acceso a los alimentos. Pero la idea fue cambiando porque las historias que había escrito no se conectaban entre sí. Posteriormente decidí enfocarme en la migración y en estos dos personajes que no saben qué hacer.

-Su primer cortometraje se llama Harina y su ópera prima se llama Hambre. ¿Es en el estómago donde más siente la crisis venezolana?
-El hambre que hay en Venezuela va mucho más allá del estómago: hay un hambre de cambios, de sueños, de vivir otra vida, que es el hambre que más toco en la película. También hablo del hambre de poder, y cuando estaba escribiendo los perfiles psicológicos de cada personaje, les asigné un tipo de hambre. Por ejemplo, tenemos un personaje que tiene hambre de estatus, otro que tiene hambre de poder…

-¿Cuál diría usted que es su tipo de hambre?
-No es cómoda, pero es positiva. Tengo hambre por ser mejor, por generar un cambio y un mejor futuro. Me ha causado mucha indignación que en un país puedan existir tantas realidades y que el sistema no sea más justo, que no tengamos las mismas oportunidades o el mismo acceso a la educación.

@enlazonac